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Automovilismo
Automovilismo - ANIVERSARIO
Mouras: a 25 años de la muerte que cambió al TC

El trágico accidente del ídolo de Carlos Casares marcó un antes y un después en las carreras de autos en la Argentina.

22 de noviembre de 2017
Por Juan Francisco Ruggieri

Hubo una época romántica dentro del automovilismo argentino en la que los pilotos del Turismo Carretera eran verdaderos ídolos populares, mitos vivientes que con su coraje esquivaban la muerte en cada curva de los tradicionales circuitos semipermanentes por las rutas del país.

Desde la década del '40, con Juan Manuel Fangio y los hermanos Oscar y Juan Gálvez, Chevrolet y Ford respectivamente se dividieron el corazón de los argentinos para siempre, cuya pasión por ver a esos héroes a la vera del camino se mantuvo intacta hasta el fatídico 22 de noviembre de 1992. Ese mediodía el TC cambió para siempre, cuando el último ídolo "puro" de la categoría, Roberto "Toro" Mouras, falleció tras impactar su icónico Chevroley azul y blanco contra un talud de tierra en La Vuelta de Lobos que, por supuesto, iba liderando.

Peña, asado, campo, alambrado y ruta eran los ingredientes que juntos mantenían viva la pasión por el automovilismo nacional en las décadas del '70 y el '80, que quienes peinan canas (o ya no peinan) recuerdan con melancolía.

En esos años comenzó a destacarse un piloto oriundo de Moctezuma, en el partido bonaerense de Carlos Casares. Era humilde, tranquilo, serio, tímido para las cámaras, casi siempre escondido detrás de los grandes lentes de sol que se usaban en ese entonces.

Tras debutar con un Torino, en 1975 pudo subirse a la marca de sus amores: Chevrolet. Al año siguiente, con el número 7 en sus laterales y con el color dorado de su auspiciante, el whisky Old Smuggler, consiguió un récord que todavía está vigente: ganó seis carreras consecutivas. No logró el título, pero el "7 de Oro" quedó para siempre en la galería de autos míticos del TC.

La capacidad conductiva del "Toro" lo llevó a acumular victorias en autódromos y rutas. Pero para conseguir un campeonato, Mouras debió pasar a Dodge, la marca que hegemonizó el TC en la década del '80. 

En esos años nació su rivalidad con Oscar "Pincho" Castellano: Mouras ganó los títulos de 1983, 1984 y 1985, mientras que el piloto de Lobería conquistó los de 1987, 1988 y 1989 (este último con Ford).

Desde 1986 Mouras había vuelto a manejar una coupé Chevy en busca del ansiado título para la marca. Símbolo del "moño", los hinchas del "Óvalo" reconocían en él a un gran piloto. Si daba gusto ir los sábados al Autódromo de Buenos Aires para verlo doblar la horquilla en la clasificación... Era el único piloto al que nunca se le desacomodaba el auto.

En 1992, Mouras llegó a la vuelta de Lobos peleando el título con Oscar Aventín. Necesitaba ganar sí o sí para seguir con posibilidades de conquistar el esquivo trofeo. Y claro, Roberto iba logrando su 50º victoria en el TC cuando un neumático explotó y su auto impactó contra un talud de tierra al costado de la ruta, esos montículos que se colocaban como protección para el público a la vera del camino pero que eran verdaderas trampas mortales para los corredores.

La muerte fue casi en el acto y lo lloró todo el automovilismo, que nunca más volvió a vivir según las tradiciones de una época que finalizaba. Con la despedida de Mouras comenzaron a irse también las carreras en la ruta por cuestiones de seguridad, que finalizaron definitivamente en 1997. Se empezaron a ir también las "tiradas" en la ruta para probar los autos. Comenzaron a desaparecer los pilotos "chacareros", de pueblo, que eran uno más caminando por la calle de boxes. De a poco, el profesionalismo y la modernidad fueron copando el panorama "teceísta". Lo que nunca se fue es el cariño y el respeto de todos los "tuercas" por Mouras.

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